Qué duda cabe que lo que dice la compañera Claudia García sobre las dos patas de la mesa, es una evidencia de considerables dimensiones. Tanto PP como PSOE representan las dos “alas” del sistema capitalista constitucional. El PP es el ala radical-conservadora, anclada aún en los postulados joseantonianos del nacional-catolicismo, el liberalismo en estado puro y duro. El PSOE, con el mismo fondo pero con otras formas en apariencia más democráticas y progresistas, no deja de ser también garante de la constitución borbónica, aval del sistema de libre mercado, en su cara más amable.
Rompiendo una lanza a favor del profesor Cotarelo, he de decir que yo también prefiero el menos malo. La política del PSOE desde que reaccedió al poder en 2004 en materia económica, social y laboral es prácticamente un calco de la desarrollada por sus “populares” antecesores. La ley que permite contraer matrimonio a personas del mismo sexo, y la que agiliza los trámites del divorcio están muy bien, bienvenidas sean, pero no dañan lo más mínimo los cimientos del régimen monárquico. Pero aparte de estas leyes hay que mentar también la reforma laboral, la reforma de la seguridad social y la ley de la memoria histórica, que dicen mucho del papel que juega el partido de Ferraz. Pero, qué quieren que les diga, el arriba firmante prefiere desayunarse todos los días con la cara de Zapatero, Fernández de la Vega, Caldera y Pepiño Blanco, que con las de Aznar, Rajoy, San Gil, Acebes y Zaplana. Mi estómago no admite tales convulsiones mientras digiere los All-Bran y el Actimel.
Pero, como decía al comienzo, no voy a desaprovechar esta ocasión para repartir estopa a Izquierda Unida y a sus pintorescos líderes salidos de un capítulo de David el Gnomo o los Mundos de Yupi.
Vuelvo a coincidir con Claudia en que a las gentes de izquierda ya no nos vale el menos malo, porque hemos dado por desechado este sistema basado en trincar, especular, urbanizar y recalificar a costa de negar el más elemental derecho humano, que no es el derecho a la vida sino el poder llevarse todos los días algo caliente a la boca. Queremos un mundo nuevo, y perdón por esta cursilada que, teniendo en cuenta la época navideña en la que nos encontramos, parece más un slogan tipo ONG en plan “apadrina ahora” que una reivindicación política.
De la misma forma que certificamos algo tan evidente como que PP y PSOE componen las dos patas del sistema capitalista, cuestión donde no cabe el menor género de dudas, también hay que decir alto y claro que esa izquierda que hay que edificar desde la base para luchar por ese mundo alternativo, no pasa ni por asomo por Izquierda Unida. Es más, me atrevo a ejercer de visionario, sin que sirva de precedente, y constato que la construcción de esa izquierda pasa irremediablemente CONTRA Izquierda Unida.
Hoy la Izquierda Unida de Llamazares, Frutos, Madrazo, Alcaraz, Aguilar, Heidi, Pedro, Niebla y el abuelito Yulupuqui no es más que una astilla “colorada” de esa pata “izquierda” de la mesa capitalista. Es la becaria que le lleva el café al despacho oval al “poli” bueno después de una dura jornada interrogando a sospechosos (ustedes mismos, el arriba firmante o cualquier hijo de vecino) en compañía del “poli” malo.
En el mejor de los casos ejerce de Pepito Grillo de la socialdemocracia liberal gobernante, cuando ésta lleva a cabo reformas laborales y de la seguridad social que flexibilizan, aún más si cabe, el mercado laboral y endurecen el acceso a una pensión de jubilación tras toda una vida en el tajo y cotizando. Reformas, todo dicho sea de paso, avaladas por los sindicatos UGT y Comisiones Borregas (tan borregos son que me tienen entre sus filas), organizaciones del sistema cuya misión es garantizar la competitividad de las empresas y no el que el vulgo proletario llegue a final de mes.
Izquierda cuyos líderes gobiernan con la derecha paleta y aldeana del PNV, y acuden serviles a rendir pleitesía cada 6 de diciembre a la “consti”, mientras miles de personas de la izquierda de base se manifiestan en las calles de la capital del Reino reivindicando República; cuyas alcaldesas nada tienen que envidiar al PP y son las primeras en querer privatizar todos los servicios públicos; izquierda cuya política de alianzas consiste en pactar y gobernar con todo hijo de vecino que le permita acceder a la poltrona y trincar a base de bien, ya sea con el PSOE, el PNV, ERC o la Falange Auténtica y de las JONS.
Izquierda de la que hay que sacar a la palestra todo esto y más, para dejar ver bien claro cuál es su papel en la España de pandereta y charanga, que no es otro que el de ejercer de bufón en el patio de Monipodio de la política patria. De bufón y de lacayo, porque para seguir teniendo grupo parlamentario propio, salir en el “afoto” y seguir manteniendo el aparato, tiene que practicar unas buenas felaciones a sociatas, jelkides y demás chusma política votándoles a favor presupuestos, decretos leyes, proposiciones no de ley y demás parafernalia.
Porque creo que no caben dudas de cuál ha sido y es el papel del PSOE, desde la transición hasta hoy día, pasando por los GAL, la OTAN, la España del pelotazo y las reconversiones industriales y la Unión Europea de Maastricht. Pero ahora toca ya de una puta vez desenmascarar a esa izquierda que se erige en garante y defensora de los trabajadores y de las clases populares, pero que nada tienen que ver con ellas sino es para aprovecharse de ellas, ya que ha desterrado de sus bibliotecas a Marx, Bakunin, Lenin, Luxemburgo, Castelao, Pablo Iglesias… y los ha sustituido por Mendiluce, Cohn Bendit, el Dalai Lama, Espinete y la Gallina Caponata.
Izquierda Unida, que nos haría un favor a los que queremos una izquierda consecuente y roja (perdonen la redundancia), si se fuera a tomar por culo. Y que nos haría dos si se llevara con ella al PCE.
Extraído de Donde más duele, blog de Óscar Gómez Mera, artículo que también se encuentra en Insurgente.
Óscar, ya ves que no tengo miedo, y como este espacio es mío y es mi opinión personal, lejos de mi militancia en la organización en la que me encuadro, expongo tu artículo, porque me ha gustado.